SÁBADO. Son las 8:30. Todos los llamados acuden cual manada al Falla como indicaba el Blog del club. Partimos ajustadillos en los coches y llegamos a Puebla del Río sobre las 10:15 aproximadamente. Sorprendidos por la rapidez, buscamos en la mochila la brújula y demás y nos atrevemos a salir afuera. Un frío seco nos recorrió el cuerpo, pero tuvimos la fuerza de salir y saludar a los demás andaluces. Se respiraba tranquilidad.
Poco a poco, nos fuimos dispersando a confirmar nuestra hora de salida. Siguiendo indicaciones y aun soltando el último bostezo, llegamos a salida preparando mentalmente el terreno y comentando paranoias varias. Calentamiento como tontos alrededor de una simétrica laguna y chillido por megáfono para las horas. Tras limpiar y checkear (o cleanear y comprobar) pillé mi mapa casi al vuelo y le di a las piernas.
Como en la pasada reunión técnica, intenté divisar de ante mano parte de mi recorrido antes de llegar al triángulo. Sin problema. 1 y 2 clavadas. Tarareaba Misery de Maroon 5. Quizás un poco de desconcentración o algún error de paralelo me hicieron perder 3' en la 3, dónde aun así pillé a un corredor de mi categoría con los mismos problemas... pero igualmente Dani Toro me pilló a mi...
Tras salir de aquel embrollo antes que ninguno de los nombrados, proseguí a paso firme sin ninguna complicación apreciable hasta llegar a Meta, donde me llevé una decepción al no encontrarme agua que beben los seres humanos, sino cajas de cartón para caballos, pero necesitaba saciar mi sed. A los escasos 6' llegó Bob, quejándose de lo mismo que yo, y mirando el mapa volvimos al aparcamiento. Fuimos a descargar, donde sólo nos dieron el tiempo por problemas del sistema.
Fue llegando gente, cada uno con su historia y distorsiones mentales (o físicas, como Manolo Álvarez).
Nos apretujamos poco a poco en una de las mesas del pequeño recinto y engullimos bocatas varios del restaurán (tortilla de esa no, please), partidas de cartas -preferiblemente pescaito- y fotos a más no poder.
Tarde movidita entre pabellón, duchas, lucha contra los insaciables pinchos, vueltecita por el pueblo muerto y cena "gratuita" en un bar improvisado.
Cabezadas tontas mientras Antonio nos contaba historias más que graciosas adaptadas a nuestro mundillo y personajes. Después de horas, cambios de colchón, risas salvajes y cosquillas, olvidamos la tensión que teníamos al día siguiente y durmimos.
DOMINGO. El sonido de las bocinas de coches gaditanos resonaba en nuestros oídos mientras salíamos del pabellón. Subidón de moral para aquel que se hubiese acercado a un CEOCE ayer. Vuelta al aparcamiento del día anterior donde la tranquilidad se había convertido en incómodas inseguridades. Marcas de guerra gaditanas en la mejilla y empiezo de los relevos.
Salida en masa. Baliza del espectador. Llega Dani Toro. Aplausos. Es el primero. Veo de lejos a Javi. Sin pensármelo, corro a buscar su relevo. Aun le quedaba un bucle. Azote con sus últimas fuerzas minutos después. Sin pensármelo mucho, arranco el mapa 21-2 del improvisado tendedero. Nada más la primera ojeada, la luz de la inmensa cantidad de claros me hizo entender lo fácil que sería carrera, pero por lo cual intensa físicamente. Poco más de 2 tontos minutos perdí en la 4 cuando llegué a meta echando los higadillos (y dándole la palmada a Bob, por supuesto).
20' más tarde, todo Fundio se volcaba a la llegada victoriosa de Bob a meta. Ganamos. Por dos años consecutivos, ganamos.
Entrega de regalos y premios en el podio. Muchos fundios felices. Demasiados diría yo. Rumbo a Puerto Real o hacia cualquier otro lugar de la comunidad.
Nos volveremos a ver, antes de lo que creemos.
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